Nutricionista

Tamara Roza Fernández

Nutricionista
Tamara Roza Fernández

Nutricionista

Grado en Nutrición Humana y Dietética.

Master de Especialista en el abordaje de la desnutrición relacionada con la enfermedad.

 

Recuerdo aquel día, todavía en el instituto, cuando pusieron ante mí un montón de archivadores, y me dijeron: “aquí tienes la información necesaria para elegir tu futuro, ¡elige!” (Ahí es nada). Busca que te busca, aunque realmente no sabiendo bien qué tenía que buscar, apareció ante mí el título “Nutrición Humana y Dietética”, que llamó mi atención como no lo había hecho ningún otro título hasta el momento. Una carrera nueva, de la que no había escuchado hablar, que muy poca gente conocía y nadie sabía, ni siquiera yo, adonde me llevaría. Imaginar el cuadro cuando llegué a casa y conté lo vivido ese día: “mamá, papá, quiero estudiar una carrera que casi no se conoce y, además, no la hay en Asturias”.

¡Nada es imposible! Y es que soy de esas personas que piensan que hemos venido a este mundo a jugar, a arriesgarnos y, a dejarlo un poquito mejor de lo que lo encontramos y, ese título me hizo creer que eso sería posible. Por lo que, por una elección casi basada en el azar, ese día marcó el punto de partida de mí futuro y, meses después, estaba viviendo sola en otra ciudad dispuesta a coleccionar anécdotas, aprender como nunca y, sin realmente ser consciente, salir del cascarón de papá y mamá. Desde entonces, la Nutrición ha estado presente en mi vida de diversas formas. Y hoy, más de diez años después de ese momento de archivadores, son las nueve de la mañana y entro por la puerta de la Residencia Los Fresnos.

Ya os podéis imaginar que esos cuatro años de carrera dieron para mucho: conocí gente maravillosa (que aún sigue en mi vida), aprendí realmente el valor de lo que costaban las cosas, me curtí en eso de vivir sola, me hice más independiente, me saqué las castañas del fuego yo sola en muchas ocasiones – no por gusto, sino porque no quedaba otra- y, no os voy a mentir, disfruté de los jueves vitorianos y viví historias de esas que quedan grabadas en tu mente y que al recordarlas no puedes evitar sonreír.  Así que, no sólo crecí como persona en mi etapa vasca, sino que, además, acabé siendo “Dietista-Nutricionista”.

Tras terminar el grado, tocaba volver a casa, así que tras miles de gestiones, conseguí hacer las prácticas en el Hospital San Agustín de Avilés, en las unidades de Nutrición y de Endocrinología.  Primera toma de contacto con algo para lo que me había preparado a conciencia durante cuatro años. Ahora, echando la vista atrás, me veo tan perdida en aquellos pasillos y en aquella consulta viendo a mis primeros pacientes que siento cierta nostalgia.

Las prácticas llegaron a su fin y, ya se sabe lo que llega después. Llegaron esos meses donde te desprendes del todo del cobijo de la Universidad y te ves sola ante el peligro del conocido, o no tanto por mi parte en ese momento, “mundo laboral”.

Así que no quedaba otra, decidí ir llamando a todas esas puertas donde buscaran una titulada en Nutrición y estuve cuatro años trabajando como nutricionista en diferentes centros de Asturias donde me encargaba del control de peso y de hábitos de mis pacientes tratando de aportar mi granito de arena, intentando conseguir que la alimentación de mis pacientes no sólo cambiara durante un tiempo, sino que lo hiciera de manera permanente y, haciéndoles ver que, a través de una buena alimentación sería posible un cambio en su salud.

Pero la vida da muchas vueltas y tras un fugaz chapuzón en el mundo autónomo, llevando yo misma mi propia agenda de pacientes, un día decidí volver a arriesgarme y tocar otros campos dentro del mundo de la Nutrición. He de reconocer que siempre he tenido especial predilección por las personas mayores, tal vez se deba a la admiración por mi abuelo, que me ha hecho tener siempre presente que detrás de cada uno de mis residentes hay un familiar, que podría ser yo, esperando devolver a sus padres, madres, abuelos, abuelas, tíos… todo el cariño que recibieron tiempo atrás.

Así que, desde hace 3 años, trabajo en un laboratorio que me da la oportunidad de trabajar como Nutricionista en varias residencias de Asturias y Galicia, además de formar parte del Servicio de Endocrinología del Hospital de Cabueñes y del Servicio de Geriatría del Hospital Cruz Roja en Gijón.

Y esta es mi función en la Residencia Los Fresnos: cuidar de la alimentación de mis residentes, incluso cuando se quiere creer que ya no es tan necesaria y tratar, a través de la nutrición, de contribuir a los abuelitos tengan un estado de salud óptimo y lo más adecuado para esta etapa de la vida que están viviendo.

¡La buena alimentación, cuesta poco y vale tanto!